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Hugo Barajas |
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EL MUNDO COLORIDO DE HUGO BARAJAS A veces en la semipenumbra o trabajando los óleos directamente con sus manos, Hugo Barajas da nacimiento a una realidad paralela. Allí el amor puede ser amarillo, las ciudades rojas y los días azulados. Las copas vacías se llenan de universos de licor y el final del otoño se puebla de figuras lunares. texto de: MAGDALENA FERREIRO Radio Canada Internacional Los aspectos del color En el mundo tangible lo que no se ve pasa a segundo plano, al fondo. De cuántas cosas perdemos su significado por estar ocultas. Evidenciarlas es una tarea que hay que agradecer. En ese sentido, quien plasma la realidad, quien la transforma en formas y colores y la presenta en el óleo nos devela significados. El pintor es un ojo más. Hugo Barajas es un ojo abierto. Un pincel diestro. Su trabajo ha discurrido por varias etapas, pero todas ellas marcadas con un sello personal: motivos que parecen sencillos de interpretar, pero enriquecidos con el uso del color. Es difícil rechazar la invitación visual a su obra; es difícil evadir las sensaciones que despiertan sus colores, que saltan de la tela, donde están perfectamente organizados, y resuenan en nuestros sentidos. La superposición de pigmentos es una característica de su obra. Un elemento muy preciso que pocas veces cae en la dilución. Los límites entre los colores son rigurosos, justos, categóricos, pero en armonía con el conjunto. Es el dominio de la técnica, a la que intencionalmente, para regocijo del espectador, a veces transgrede. En cuanto a la forma, Barajas la reinterpreta. Aunque dinamitero de ella, la reconstruye y la obsequia al que enfrenta sus cuadros, recubierta en ricas texturas y tenues volúmenes. El pincel de Barajas bebe de sus raíces, paladea los elementos de su esencia, pero se manifiesta de una manera que rompe con la tradición, imprimiendo un estilo particular. El tiempo y el trabajo se lo han otorgado. Texto de: Hernesto Castro Maldonado |